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INTERTEXTOS...

INFORME

AVANCES

DE LA INVESTIGACIÓN

EL INTERTEXTO...

AUTOR

JESÚS MA PINEDA-PATRÓN

BOGOTÁ, D.C.

ÍNDICE

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INTRODUCCIÓN. Folios 3 al 8.

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EL INTERTEXTO. Folios 7 al

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MODALIDADES METODOLÓGICAS. Folios

INTRODUCCIÓN

El texto o la textualidad, centro de reflexión en esta investigación, historiado por numerosos discursos en sus dinámicas e interacciones en el campo de lo social-cultural, presenta jugosos desarrollos para la conquista del conocimiento (Benveniste). Desde los griegos hasta la mitad del siglo XXI nos damos cuenta del dominio de los estudios gramaticales como iniciativa de análisis para lo que en cada época vivida se ha considerado "lo contemporáneo".

El panorama de la pedagogía, desde cómo la educación superior, la escuela media y baja ha percibido la enseñanza, está lleno de una actitud purista y reduccionista del lenguaje en donde la textualidad ha sido abordada sólo desde la verbalidad (Pérez Galdo). Así, las estrategias memorísticas, normativas y repetitivas del pensamiento dominante han aplazado la creatividad y la exploración de los confines del lenguaje, e inclusive han dejado de mirar más allá las ricas posiciones prosopopeyas y los accionares mutantes, al no considerar el lenguaje como el potencial estético, hetroglósico, o polisémico y dialógico de la comunicación contemporánea (Bajtín).

Y desde este horizonte es que el universo de la comunicación y de la utilidad de la lógica del plurisentido del lenguaje se ha interesado por el análisis intertextual de las narraciones contemporáneas. Sin embargo, esta utilidad que pretende ampliar el pensamiento humano en múltiples espacios, oficios, artes, técnicas y disciplinas, se considera que pasa obligatoriamente por los intersticios del texto verbal. Todo texto no-verbal, en primera instancia se habla, dice Riffaterre. El análisis intertextual es propuesto inicialmente por Julia Kristeva, pero sus inicios están en la base de los estudios de semiótica ideológica propuesto por Bajtín (Zavalla).

Desde éste, se empiezan a generar las reflexiones de su fenomenología en la época actual; el texto verbal genera, mediante la interdiscursividad efectuada por sus usuarios, el texto no-verbal, dada su dicotomía de origen estructuralista y dicotómico (Sholles). Con frecuencia analizamos los fenómenos del texto como un signo de la cultura (Lottman) y tal es el caso de los signos no-verbales que como textos así nombrados y definidos, se cultivan como signos de cambios decisivos para ser aplicados en la pedagogía, en la publicidad, en las artes, en el diseño, en la comunicación y otras disciplinas que necesitan de la imagen y de la tridimensionalidad para "luchar" por los espacios múltiples que permite el texto.

La tendencia de los estudios del lenguaje aplicados a los fenómenos de la verbalidad se creía que acrecentaba el dominio de las competencias y de las habilidades, a partir del estructuralismo clásico que tenía por fundamento del lenguaje, la extracción de las sustancias verbales y de los ejes sintagmáticos y paradigmáticos (Hocket, Pike, Santana). Es Ferdinand De Saussure quien manifiesta que la importancia de los estudios del lenguaje debe basarse en su sistematicidad: lengua-habla, y desde allí, a la internivelación fonética, morfológica, sintáctica y semánticas; también el ginebrino introdujo las categorías sincronía y diacronía, generando la concepción de tiempo y espacio pero demarcando posiciones, todavía gramaticales en los análisis del texto.

En los años sesentas Noam Chomsky, con la publicación de Estructuras Sintácticas, refresca el panorama de la textualidad aún conservando el territorio verbal por la lucha ideológica y tendenciosa de los asuntos lingüísticos. Chomsky considera que los significados del lenguaje están dados por la estructura de la lengua, su actualización codificada en signos lingüísticos, y que la producción de lenguaje es la producción de la generación infinita de los enunciados expresados; Chomsky agrega un ingrediente nuevo al manifestar que lo que se dice es producto del pensamiento. De esto se desprende que lo que el hablante expresa es una ley de la cultura que rige al lenguaje dado su conocimiento que tiene del mundo circundante; Chomsky anuncia la doble continencia del lenguaje verbal: una estructura superficial y otra profunda, una para las acciones estilísticas (auditivas, visuales) y la otra para concebir universales (reglas). El lingüista norteamericano abría la posibilidad de entrar en el vientre de la teoría de la textualidad y traer desde el fondo, los orígenes de la intertextualidad en el sentido heteroglósico bajtiano del lenguaje cuya esencia consiste en que éste es no sólo materia son sustancia.

La posición de doble faz en el lenguaje nos hace comprender la modalidad de tránsito interior que habita en el signo. La experiencia con este tipo de pensamiento, trajo como consecuencia en el campo de la pedagogía, que el aprendizaje del lenguaje se daba sin necesidad de la utilización instructiva de una gramática, dado que los humanos poseemos una capacidad innata para adquirir-producir-circular lenguajes que nos permiten generar reglas infinitas a partir de los modelos del pensamiento; consistía, para Chomsky, en la aplicación de la doble categoría como opción para la generación de textos o lo que es lo mismo, para crear con ellos el universo que habitamos y hacer posible la semiosis infinita de la que habla Peirce.

Aparecen los proyectos de Michel Bajtín en 1929, al referirse al texto verbal, quien da explicaciones que incluyen la interacción verbal, el pensamiento dialógico y la polifonía textual; su muestra presenta al texto en el centro de la relación del individuo comprometido con lo socialcultural. La posición bajtiana es distinta a la chomskiana ya que si la principal función del lenguaje es el pensamiento según Chomsky, para Bajtín, así, no nos podemos comunicar; hacemos comunicación cuando un locutor hace de la enunciación (Benveniste) un proceso de interacción de significados verbales o no-verbales con el receptor, no sólo con pensar, sino con usar el lenguaje para crear más lenguajes.

Considerable la aparición de Dell Hymes con su obra Etnografía Comunicativa, cuando presenta la competencia comunicativa, y también de Searle y de Austin en la obra Cómo hacer cosas con palabras, manifiestan la importancia del uso de las reglas en una conversación donde salen a flote interacciones en formas de signos haciendo del hecho comunicativo un texto hablado y cargado de características no-verbales. E inclusive, construyendo la comunicación sin la necesidad de usar palabras. Como competencia los aportes de Hymes (Lozano) definen que los conocimientos y aptitudes necesarios para que un individuo pueda tomar todos los sistemas semióticos que están a su disposición como miembro de una comunidad sociocultural dada, implicaba la aparición de unas competencias no sólo en lo lingüístico, sino en lo cognitivo, en lo pragmático, en lo argumentativo, en lo literario, audiovisual, ideológico y en la existencia de una competencia para lo estrictamente textual, donde con ésta, se producen y comprenden textos de todo tipo, tales como los expositivos, científicos, pedagógicos, instructivos, según las demandas interactivas del sujeto con el contexto y con los compromisos de las acciones comunicativas. Se podían explicar y presentar definiciones, numerosos requerimientos diversos de los usuarios, conceptos, utilidades mediáticas, transmisiones, etcétera, mediante gráficas, cuadros sinópticos, junto con la intervención de formas bi y tridimensionales, así la pedagogía utilizaba nuevas maneras del texto para construir, analizar y proponer conocimiento, y dejaba la escritura lingüística a un lado y presentándola como acompañante de lo no verbal.

De esta manera, aparecía entonces la novedosa textualidad -o la lingüística textual- por la tensión al generativismo -o al pensamiento chomskiano-, y en donde la pragmalingüística y la sociolingüística afirmaban que una gramática explicativa no debe basarse o construirse sobre la base de instrucciones lingüísticas sino en el verdadero uso del lenguaje en las acciones comunicativas. Que para ello habría de incluir los estudios de la referencia, de la lógica y de la semántica filosófica (R. Montague). Así se planteaba el texto como una unidad de análisis, para estudiarlo como un fenómeno no sólo interdisciplinario sino transdisciplinario cargado de innumerables procesos subjetivos tales como los deícticos, los anafóricos, endofóricos, catafóricos y exofóricos al igual que los contenidos estructurales de la información de orden espacial y cronológico (Benveniste); de la capacidad de que los neotextos puedan a su vez producir más textos (Peirce), del tema y rema (Van Dijk) y otras.

Ahora, el procesamiento de la información que transportan los textos se da en los niveles de la intertextualidad. Este es un eje fundador y propiedad del ojo del usuario, consumidor o lector de los fenómenos que hacen posible la existencia de una textualidad real con el contexto y con las formas de interacción y creación simbólica de los usuarios cuando hacen comunicación. Que la intertextualidad -la presencia de textos en un texto-, ahora intrínseca en la nueva textualidad se presenta en formas sígnicas variadas, tales como la intratextualidad (Derrida, Calabresee, Vattimo), la extratextualidad y la hipotextualidad (García), la hipertextualidad (Landow), la paratextualidad y otros numerosos (Zavala) fenómenos que hacen posible la existencia del texto contemporáneo ya desligado de la lingüística estrictamente y ahora considerado como objeto-signo de la cultura y relacionado con el reconocimiento por involucrar macroestructuras, microestructuras y superestructuras (Van-Dijk) y con referencias a otras épocas y culturas, con citas no sólo verbales sino gráficas y técnicas que corresponden a modelos textuales venidos de otras latitudes y territorios textuales ajenos a la palabra.

Donde las formas y los trazos representativos son tomados de otras obras y de otros textos para la conformación de una mediación neotextual contemporánea de efectos enciclopédicos (Eco) y literaturas (Rodriguez) provenientes de otras historias y pragmáticas y para permitir que el emisor y el receptor, construyan fines diversos y manipulen a los objetos contemporáneos.

En esta medida, los objetos de la cultura desde la intertextualidad, al decir de Van-Dijk en 1980, son pragmáticas textuales que en principio pueden ser formuladas bajo modelos lingüísticos, pero su diferencia ahora, no estriba en la aplicación de esos análisis gramaticales-lingüísticos cualquiera que sea, sino que su alcance analítico, ya no es la "oración" o el "enunciado" o el discurso de manifestación verbal, sino que ahora el texto es una unidad de análisis de la cultura y como tales tenemos referidos al cine, a la obra literaria, a la moda, al video, al arte en todas sus manifestaciones, al diseño industrial, gráfico, al de interiores, a la arquitectura, a las relaciones interpersonales, a la cocina, los gestos, los modales de la cultura, el deporte, formas del crimen, graffitis, murales, música, en fin, porque son también textos comunicativos.

La textualidad ahora, supone un cambio comprensivo y explicativo de entrada y de salida de los fenómenos textuales que por vía de una semiótica hiciera claridad sobre los mismos (Silva). Se sumaban nuevas categorías y se enriquecía la textualidad sobre la base de nuevas disciplinas, que en perspectiva alimentadora, modificaran los análisis de las propiedades textuales, las intenciones comunicativas, los contextos y los tipos de mensajes que representaban los códigos.

Entonces el lenguaje aparecía con la modalidad de conocimiento y comunicación, esta constancia hacía que se efectuaran aproximaciones analíticas al texto de manera variada. Entre los actores que lo tomaban distintamente, se destacan los sociosemióticos Halliday y Hymes; los filósofos Austin y Searle; los sicólogos Vigotsky, Luria, Ausbell y Bruner; el comunicólogo Van-Dijk, y los lingüistas Ducrot y Charadeau, juntos contribuyeron a la teoría del lenguaje como comunicación contemporánea.

ES EL

TEXTO COMO TEJIDO, COMO TELA, COMO INTERTEXTO.

28, abr | sin comentarios Posteado por: Jesús María compártelo

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